Capadocia 10 febrero, 2019 – Publicado en: Escritos e ideas – Etiquetas: ,

-A ver Enrique, lo que quieres es meterme en un hoyo en la roca que tienes el cinismo de llamar hotel.  Sé claro.  A veces me has metido a hacer cosas que ni yo misma pensaría en imaginarme y esta parece ser una de ellas -me dijo con gran resolución mi novia.

Comencé a pensar con toda rapidez en una respuesta.

-Lo que ocurre es que estas reacia a entender el arte paleolítico -dije con el tono de experto el en el tema- te pareces al resto de la humanidad, que es un conjunto de desafinados mentales incapaz de admirar a nuestros antepasados.

-Bueno, deja de echar paja y sigamos.

Nuestro hotel estaba localizado en Capadocia, Turquía. En la pequeña ciudad de Avanos. Perdón, no era pequeña sino pequeñísima, diminuta.  El hotel u hoyo excavado en la roca, como quiera que se le llame, era una maravilla, con los cuartos llenos de detalles,  cuadros muy primitivos, pero con carácter de la región.  Un calentador alimentado por leña hacía las veces de lo que hoy llamamos sistema de calefacción central.  Eso sí, debíamos manejarlo con cuidado pues estaba en la mitad del cuarto.

La razón de llegar a Capadocia fue simple: la curiosidad. Esa hormiga mental que nos lleva a buscar conflictos en la historia.  Sin ellos no habría qué contar y nuestra mente sería como un desierto sin cactus, es decir, algo árido, sin vida.

El territorio que estamos hablando está en la región de Anatolia y ha dado mucho que hablar.  El paso siguiente era visitar Capadocia propiamente dicha, que a veces describen como un pasaje lunar, adjetivo que no entendí bien.  Nuestro guía nos dijo que la erupción de dos volcanes hace miles de años cubrió de lava esta región.  Hasta donde abarcaba la vista todo era piedra caliza, clara, tallada por el viento y el agua durante siglos, lo que ha creado formaciones que parecen hongos, animales y cualquier otra cosa que su imaginación pueda identificar.

Como pueden ver está llena de paisajes para mi extraños.

La región es un tesoro de historia guardada en un baúl del tiempo.

Los primeros habitantes, varios siglos antes de Cristo, descubrieron que en esta zona de piedra caliza, porosa, era fácil tallar viviendas.  Pero no solo eso.  Para defenderse de sus enemigos excavaron varias ciudades subterráneas, que en total ocupan unos 250 kilómetros cuadrados. Es increíble cómo idearon tan bien la ventilación de los varios pisos hacia abajo que hicieron porque no se siente falta de aire al recorrerla y ellos, en su momento, incluso cocinaban y tenían establos para sus animales.  ¿Por qué fue tan atacada?  Por su situación geopolítica, atravesada por rutas de comercio, que le daban una estrategia especial.

También hay pruebas de vida cristiana de hace más de mil años como resultado de la expansión de esa religión debido a la conversión del emperador Constantino a principios del siglo lV d.C.  En Capadocia estuvo el monasterio más grande del mundo creado por San Basilio allá por el año 370.  En el paseo por la región visitamos varias iglesias talladas en la roca.

Los investigadores llegaron a concluir que los maravillosos frescos que ahí se pueden ver tenían una razón de ser: contar la historia del cristianismo a gente que no sabía leer ni escribir.  Esta teoría la verdad que no se había cruzado por mi mente.

Capadocia es producto de guerras, religión y mezclas étnicas comenzando por los hititas.

Cuentan que, en la infinidad de batallas, nacieron estrategias para acabar con el enemigo.  Una de ellas era dejarlos entrar en una gran sala subterránea y cerrarla con unas puertas de piedra hasta que se murieran.

Como se podrá ver en las fotos que tomamos, este lugar no se nos podrá olvidar. Impregna nuestra visión de una fantasía difícil de entender. Nos lleva a lugares que no tienen fin.

Nuestra experiencia terminó y el destino de nuestro viaje viró a otro rumbo, Estambul.


 

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