Carmel-by-the-sea, de misión católica a pueblo con encanto 25 abril, 2018 – Publicado en: América, Estados Unidos de América – Etiquetas: , , ,

Salimos de San Francisco, California, por carretera, al sur, buscando “playa, sol y palmeras”.  A dos horas de camino encontramos “playa, bruma, pinos y cipreses” en un pueblito coquetísimo donde soplaba un viento bastante fresco, donde la gente paseaba con sweater y zapatos cerrados… y aún así quedamos fascinados con Carmel-by-the-sea.

Pareciera que el tiempo se hubiera detenido a principios del siglo pasado.  Casitas de madera con sus jardines al frente, rodeadas de altos pinos y frondosos cipreses forman el conjunto central de este pueblo de apenas 2.6 kilómetros cuadrados.  Sólo unas cuadras forman parte de la zona comercial, donde se concentran magníficos restaurantes, pequeños hoteles, elegantísimas boutiques y bastantes inmobiliarias (por aquello de que mucha gente se enamora del lugar y adquiere alguna propiedad).  Pinturas y esculturas, muchas de artistas locales, adornan los aparadores de las más de 90 galerías y tiendas de antigüedades.  Un magnífico teatro al aire libre en las afueras y otros dentro del pueblo completan la oferta cultural de este lugar tan especial.  En ellos se celebran los festivales anuales de Arte, de Jazz, de Bach y de Shakespeare, así como los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Monterrey, entre otros.

Como podrá imaginar, en auto se cruza en un abrir y cerrar de ojos.  La calle principal que comunica la carretera con la playa se llama Ocean Avenue.  Es un poco empinada.  Al fondo, la vista del Océano Pacífico, con unos tonos aguamarina en la franja cercana a la playa de arena blanquísima, y de un azul profundo más adelante, queda cortada con las figuras de los surfistas que aprovechan las olas enfundados en trajes de neopreno.  Ni un solo vendedor ambulante ni un local en la playa, sólo gente disfrutando de la belleza y tranquilidad del lugar.

Ciertas características del pueblo me llamaron la atención.  Muchas casas y comercios están construidos en estilo victoriano y provenzal, lo que le da un toque “europeo”.  En el área residencial no hay alumbrado público ni banquetas.  La gente camina por la calle y, por la noche, ilumina su paso con linternas.  En todo Carmel-by-the-sea no hay números en las casas ni en los negocios.  Las direcciones son: Calle Pino entre 3ª y 4ª, o Calle 10ª entre San Carlos y Misión.  Pero no crea que es un lugar “anticuado”, es simplemente que sus 5 mil habitantes han querido conservar el encanto que le ha caracterizado siempre.  “Nada de progreso, si eso se mide en perder calidad de vida”.

Unas pinceladas de su historia

Fray Junípero Serra fundó la Misión de San Carlos en 1770, en un esfuerzo por catequizar a los indígenas de la zona.  De todas las que erigió en lo que hoy es California, ésta fue la más querida para él.  Incluso aquí está enterrado.

La Misión fue creciendo, ocupando mucho territorio para ganadería.  A principios del siglo XIX pastaban ahí 233 mil cabezas de ganado.  Pero con la Ley de Desamortización de 1834, dejó de pertenecer a la Iglesia, se subdividió y vendió a particulares, que establecieron ahí sus ranchos.  En la zona no se encontró oro, pero sí una mina de carbón.  En 1859 los franciscanos recuperaron sólo el terreno donde había estado la iglesia, que se encontraba en ruinas.  Sin embargo la región empezó a tener “vida propia”.  En 1862 se fundó una empresa ballenera y a principios de los 90s una dedicada a enlatar abulón.

El ferrocarril llegó hasta Monterrey, donde se abrió un elegante hotel, lo que atrajo ricos turistas que se entretenían en hacer un paseo costero de 27 kilómetros que terminaba en la Misión, que poco a poco iba reconstruyéndose.  Esto inspiró en 1889 a los hermanos Duckworth para “crear” la “Ciudad de Carmel”.  Entre los primeros habitantes estuvieron Delos Goldsmith y su hermana Abbie Jane Hunter.  El abrió una carpintería y se dedicó a construir viviendas.  En 1891 ella abrió el primer hotel, “Carmelo”, que tuvo un éxito enorme desde un principio.

El terremoto e incendio de San Francisco, en 1906, provocó una avalancha de nuevos residentes.  Entre ellos muchos escritores, pintores y fotógrafos ya con cierta fama, y muchos otros que la estaban buscando.  El pueblo se empezó a conocer como “Bohemia-by-the-sea”.

¿Se acuerda de Daniel el travieso?  Pues nació aquí.  Hank Ketchum vivía en Carmel en 1951 con su familia cuando se inspiró en las diabluras de su hijo para empezar con esas tiras cómicas.

Si viene, no importa en qué época del año, no olvide que el lugar es bastante fresco, así que traiga con qué cubrirse.  A mí me encantó el contraste entre saberme en la playa y acercarme a una chimenea para calentarme cuando empieza a anochecer.  No se desilusione si cuando llegue la neblina impide que vea el mar.  Con mucha seguridad abrirá y saldrá el sol.

Este pueblito con encanto en la costa oeste de los Estados Unidos es, sin duda, parte de este mundo lleno de sorpresas.

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