Colombia llegó a mi vida para quedarse 23 mayo, 2018 – Publicado en: América, Colombia – Etiquetas: , , , , , , , , ,

Mi primer recuerdo de Colombia, cuando yo era niña y aunque nunca había estado ahí, es que “Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía…” Esta canción la cantaban mis primos, samarios, y a mí se me pegó.

Quién iba a decir que el destino me llevaría, muchos años después, a casarme con un bogotano y que de su mano conocería distintos rincones de su país.

He tenido oportunidad de pasear, entre otras ciudades, por Bogotá y Cartagena de Indias. Dos ciudades muy diferentes: una en la montaña y otra costera; una formal y trepidante, la otra relajada y casual; una siempre fresca y la otra con la calidez propia del Caribe.

La capital, Santa Fe de Bogotá, ofrece magníficos museos, grandes centros comerciales y muy buenos restaurantes, combinados con horas y horas de “trancones”, como llaman los locales a los embotellamientos de tráfico. Sin lugar a dudas podría decir que la calidez de su gente es uno de sus mejores atributos.

¿Qué es casi obligado visitar? El Museo del Oro para conocer las maravillas de su pasado prehispánico; el Barrio de la Candelaria y el de Usaquén, para saborear su pasado colonial; el Santuario de Montserrate, para vivir su religiosidad y tener una vista panorámica de la ciudad, y el Museo Botero para conocer mejor a este gran artista contemporáneo.

En Cartagena de Indias la vida corre a otro ritmo. Sin hacer de menos a sus playas, para mí su encanto se concentra en el centro histórico, todavía rodeado de murallas. Me gusta caminar por sus calles angostas, visitar sus iglesias y museos, descansar del sol abrazador en alguna de sus plazas o hacer un paseo en calandria (carrozas al decir local). Fuera de las murallas, es interesante visitar el convento ubicado en la Popa de la Galera y el fuerte conocido como Castillo de San Felipe de Barajas, que en el siglo XVI fue la edificación militar más grande del mundo. Ahí escuchará hablar sobre Patapalo, como se conoce popularmente al almirante Blas de Lezo, y su heroica defensa del puerto.

Como, por supuesto, ningún viaje está completo sin paladear la gastronomía local, lo reto a comer unas hormigas culonas. A mí me gustaron y dicen que son muy nutritivas. Pero sin ser tan aventurero, no deje de probar sus arepas, el sanchocho (un caldo espeso cocinado con papas, yuca, plátano verde y carne) y la gran variedad de frutas que tienen como el lulo y el maracuyá. ¡Y su café, que es delicioso!

Mis vivencias y parte de lo que he aprendido durante mis viajes a este país sudamericano las encuentra en el libro electrónico Bogotá y Cartagena de Indias. Dos tesoros de Colombia, que también se puede adquirir como audiolibro.

Estas dos ciudades son buenas representantes de este mundo lleno de sorpresas.

 

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