EL REGALO DE UN PADRE “MUERTO” (Cuento) 21 enero, 2019 – Publicado en: Escritos e ideas

Hoy cumplo 18 años, tengo un sobre en mi mano, soy huérfana o al menos así lo siento. Me explico: nací con unos padres en un medio económico pudiente, pero mi padre “murió” cuando yo tenía 4 años, o al menos eso es lo que creo.

Mi madre es una experta en diseño industrial y mi padre es ingeniero, de esos que construye cosas complicadas por todo el mundo y está yendo y viniendo. Mi madre es organizada hasta la medula, puntual, siempre vestida en forma elegante.

Mi padre, el cuentista de la historia, un hombre fuerte, tenía unos ojos marrones, de mirada penetrante, protectora, amable, de sonrisa fácil, que con su mirada podía decir lo que quería. Era un lazo padre-hija lleno de gran fuerza. Mi padre de verdad me quería, así lo decían sus ojos a una chiquilla de 4 años, algo que yo no dudaba.

Digo el cuentista porque de pequeña, cuando estaba en casa, a la hora de dormir me contaba un cuento. Mi  dormitorio, no muy grande, se llenaba de energía, era el momento en que mi muñeca preferida sonreía, mi pinocho de madera hablaba, mi pequeña bruja comenzaba los malabares mágicos, mis haditas y mis ositos de felpa cobraban vida.

Un día el cuentista desapareció, no volvió, y mis muñecos dejaron de tener vida.  Mis noches se convirtieron en el momento de la oscuridad y nada más. En la medida que crecí, mi dormitorio era un  lugar frío, sin vida, sin energía. En la escuela desde temprana edad me llamaban “la llorona” ironizando mi falta de lágrimas. Desde la “muerte” de mi padre, nunca volví a entregarle una lágrima a este mundo.

Oí en su momento voces irritadas entre mis padres, nombre de alguna otra persona, quizás una mujer o un hombre.  Hubo más: un divorcio mal hecho, lleno de rabia y ego, lo usual, y el cuentista, mi padre, no volvió. Se “murió”, ese fue mi sentimiento.

Pasaron los tiempos y crecí con el nuevo marido de mi madre, un ser muy parecido a ella, organizado, muy formal, donde el detalle en el vestido como el resto de la cotidianidad eran lo esencial, nada que ver con mi padre “muerto”. Por eso no hubo más hijos, vivían para ellos y listo, con las expresiones de cariño limitadas por sus modos de ser, no por alguna otra razón.

Sé que soy bonita, pero procuro que los jóvenes no se me acerquen mucho sin embargo he tenido ciertas experiencias en lo sexual, digamos lo normal que una  joven en esta edad experimenta, incluyendo la virginidad supuestamente perdida. Mi vida es una constante divagación, un diálogo personal donde siento energías inmensas, ganas de volar, de ver otra gente, de salir del nido pero, por alguna razón, me han faltado las alas. Mis muñecos ya no están ahí, la imaginación dejo de existir y heme aquí con 18 años y padre “muerto”. 

Así  me sentía cuando abrí el sobre y empecé a leer la carta:

“Mi querida hija:

Te quiero felicitar por este día y enviarte todo mi cariño y amor… Estoy bien… He incluido un tiquete de regalo para que viajes a Roma donde vivo, en un lugar que te va a gustar. Te invito a recorrer el horizonte de estos años, a darte alguna explicación de lo inexplicable…. Papá”

Al principio fue una sensación totalmente desconocida, mi cara comenzó a recibir impulsos de muy adentro de mí ser, mis ojos comenzaron a parpadear sin interrupción, sentí una pequeña  molestia en la nariz y de pronto el milagro ocurrió…. Comencé  a llorar, las lágrimas brotaron sin poderlas contener, era una sensación doble: de tranquilidad, al descargar lo que has tenido guardado por mucho tiempo y se te permite expresarlo y, a la vez, timidez, pena de mostrar algo que no quieres que la gente se dé cuenta, como desnudarte ante el mundo, de descubrirte tal y como eres. 

Durante horas no pude parar de llorar. De pronto me contuve y tomé una decisión: en una pequeña maletita puse lo indispensable para un viaje sin un destino ni retorno claro, pero reservé un espacio: antes de dirigirme al aeropuerto me detuve en una tienda muy grande de juguetes y compré un pinocho de madera, unas haditas, una bruja, una muñeca y unos ositos de felpa. El cuentista tendría que continuar su historia donde había dejado la anterior.

El You Tube muestra una placita romana llamada Campo di Fiori con italianos e italianas negociando, pero también hay un tipo muy simpático vendiendo instrumentos de cocina que incluye un pollo de plástico para adornar con el resultado de los instrumentos que vende. Vale la pena no perdérselo. 

« Venecia, espectacular 1a parte
El papel que jugó la ciudad holandesa de Leiden en el día de acción de gracias. »