Joaquín Sorolla, el pintor español de la luz (I) 9 noviembre, 2018 – Publicado en: Arte, España, Europa – Etiquetas: , ,

Cuando llegué a vivir a Madrid hace muchos años me hablaron de Joaquín Sorolla, pero no lo identificaba. ¿Pintores españoles? ¡Claro! A mi mente venían Velázquez, Goya, Murillo y muchos otros, pero ¿Sorolla?, ¿quién es él?

Tuve la suerte de descubrir  un museo espectacular, que lleva su nombre, y que cuenta con una gran colección de pinturas llenas de luz, de movimiento, de fuerza. Imágenes que con sólo mirarlas se siente uno en las playas valencianas o en cualquier otro rincón de España.  Este espacio se alberga en la casa que este hombre construyó para que fungiera como su vivienda y estudio.

Joaquín Sorolla es hoy uno de mis pintores preferidos.

Sus primeros años

Joaquín Sorolla Bastida nació en Valencia, al sureste de España, en 1863. Esta ciudad portuaria, donde mucha de la vida se hacía al borde del mar, marcó su vida y su visión del mundo.

Con 22 años se ganó una beca para ir a estudiar pintura a Roma. Tras su vuelta a España, en 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García del Castillo, quien sería su modelo para muchas obras y con quien aparentemente mantuvo una magnífica relación, o por lo menos eso es lo que percibo en sus pinturas. Tuvieron tres hijos, dos mujeres y un varón, quienes también son una constante en sus lienzos.

Temas sociales

Al principio de su carrera Sorolla se interesó en los temas sociales y de su pincel surgieron obras como Trata de blancas, ¿Aún dicen que el pescado es caro? u ¡Otra Margarita!, que le valió la primera medalla en la Exposición Nacional de 1892. Con ¡Triste herencia! ganó el premio “Grand Prix” en la Exposición Universal de Paris de 1900.

Costumbres marineras

Entre sus éxitos tempranos está La vuelta de la pesca, que presentó en el Salón de Paris de 1895 y que le valió el reconocimiento internacional que ya no lo abandonaría.  Aquí entró en otra etapa de su vida en que los temas centrales de sus obras fueron las costumbres marineras.  En este enorme lienzo (2.65 x 3.25 metros) vemos a un grupo de pescadores al final del día, sacando su barca con la ayuda de unos bueyes, que resaltan entre las espumosas olas iluminadas por el sol.  En esta obra, la vela tiene un gran protagonismo.

Sin duda alguna Cosiendo la vela confirmó su éxito en este tipo de escenas. En esta pintura nos muestra un patio, cubierto con un emparrado que filtra la luz, en el que un grupo de personas, la mayoría mujeres, trabajan en la confección de una enorme vela. La manera de captar la luminosidad del sol sobre la tela es para quedarse horas admirando esta pintura.

Escenas de playa

Una constante en Sorolla es su búsqueda por mejorar el manejo de la luz en sus obras. Estos cuadros, que son de los más conocidos, nos muestran esa inquietud, ya que sus obras están llenas de brillo y luminosidad en el género de escenas de playa, que nos muestran momentos de convivencia familiar cerca del mar, o a niños jugando o nadando en el agua.

En el museo que lleva su nombre se pueden ver El baño del caballo, Paseo a la orilla del mar, donde vemos a su esposa y a su hija María, vestidas de blanco y con sombrero, caminando en la playa (una de mis favoritas) y La bata rosa, con un magnífico juego de luces que se filtran entre los cañizos, que la dejan pasar a retazos.

La mayoría de estas escenas, pintadas entre 1904 y 1916, se sitúan en el Mediterráneo.

Otra obra que me encanta es Instantánea, donde se ve a su esposa, con vestido blanco y sombrero, sentada en la playa de Biarritz, ensimismada en su cámara fotográfica.  Les confieso que muchas veces me he identificado como la protagonista de esta pintura.

Joaquín Sorolla y su obra forman parte de este, un mundo lleno de sorpresas.

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