Los caprichos de la emperatriz de Francia 3 febrero, 2019 – Publicado en: Escritos e ideas – Etiquetas: , ,

Era una mañana fresca de comienzos del verano.  El Océano Atlántico daba la impresión de estar a gusto, parecía un espejo.  Biarritz, pequeña población costera del lado francés, no podía predecir ni imaginar su futuro.  Al frente de este puerto ballenero se podía divisar la costa vasca del lado español.   Estamos  alrededor de 1836.  La duquesa de Palafox y Portocarrero venía desde Granada con su pequeña hija Eugenia a pasar unos días de descanso en la soledad del buen clima y el mar.

– Madre, me encanta este lugar. Ojalá pudiera venir más a menudo -le dijo la pequeña.

-Ya habrá tiempo -le contestó su madre por salir del paso a quien años más tarde sería conocida como Eugenia de Montijo.

Pero la historia no paró en ese instante.  Por el contrario, comenzó.

El error consiste en creer que la vida de cada ser humano es una línea recta donde las circunstancias dictan el destino.  De ahí el sentimiento de imaginar que tenemos claro hacia dónde vamos.

Nadie podría imaginarse que la  pequeña que habló sobre su gusto por Biarritz sería la última emperatriz de Francia.   Se casó  con Napoleón III, sobrino del original, en el año de 1853.  En su mente Biarritz nunca desapareció y fue complacida por su esposo con un castillo que se construyó en 10 meses y todavía sigue allí convertido en el hotel de lujo  “Gran Palais” -ver You Tube-.

En una tarde de agosto, la emperatriz atendía a sus invitados rusos dentro de la opulencia que se vivía el segundo y ultimo imperio napoleónico.  El menú: champaña de Crimea y caviar del mejor esturión, con unos pequeños platos de pescado preparado con una salsa del chef con  sabor muy tenue de limón.  Para darnos cuenta hasta donde llegó la opulencia, Eugenia ordenó construir una iglesia de rito ortodoxo -ver You Tube- para complacer a sus huéspedes de la Rusia Imperial.

Biarritz encontró su linaje y su razón de ser.  La nobleza Europea se dio cita en este puerto. Los bailes, coqueteos y una nobleza altiva y centrada en una realidad efímera fueron el paisaje humano y emocional del momento.  Sin embargo las nubes negras que estaban apareciendo en el cielo imperial auguraban un destino impredecible al segundo imperio Napoleónico.   Las alianzas entre los países y el emperador Napoleón III comenzaron a volverse tenues hilos, tan delgados que era difícil verlos.   El primer error grave del emperador  fue buscarle pelea a los austriacos que tenían invadida parte de Italia. Y aunque logró conquistar algo del territorio ocupado por el invasor -Austria- el resultado fue que se quedó sin amigos, pues ni Rusia y menos la poderosa Inglaterra vieron con buenos ojos este movimiento.  Pensaron mas bien que se trataba de ambiciones similares a las de Napoleón, su tío, que en su momento habían hecho temblar al resto de Europa.

Pero cualquier desgracia viene acompañada de líderes pusilánimes: Francia gozaba en ese momento, alrededor de 1860, de un sueño fantástico. París era LA ciudad, donde, además, a sus visitantes se les aseguraba la juerga de todos los colores y sabores.  Sin embargo la política estaba enredada entre los Republicanos y los Monarquistas.   Los vientos para cambiar de rumbo tropezaban con la baja popularidad de Bonaparte, cuyo estado de salud muy precario limitaba sus decisiones y su presencia en momentos clave. Aun así la figura del monarca seguía pesando en las instituciones del gobierno.  El entierro del Segundo Imperio estuvo marcado por la guerra entre Francia y Prusia (luego Alemania, cuando se unieron los estados del sur).  Francia, mal preparada y con una  actitud  entre patriotera y cómica, se fue a la guerra contra una maquinaria prusiana bien aceitada y con gran orden.

Biarritz en la lejanía siguió su curso, la farándula y la nobleza fueron lo suficientemente promiscuas para pasar tranquilamente esta época.  A principios de 1906 se construyó el famoso casino.  Además la época del Franquismo en España, con un puritanismo senil, contribuyó a desarrollar a Biarritz, sitio seductor para todo español aburrido de la pantomima de que ir a misa era la mejor manera de divertirse.

Me encontré hace un tiempo, en vía al país vasco español, con el Biarritz de hoy en día, con sus calles muy limpias, sus almacenes de alto lujo y solo pensé lo extraño del destino.  ¿Qué marino caza ballenas se iba a imaginar que por el capricho de una mujer hoy Biarritz se conoce en el resto del mundo?  Caminando por la playa se puede divisar el palacio y su emblema, la “NE”, Napoleón y Eugenia.

You Tube con el palacio como es hoy y otras vistas.

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