Venecia, espectacular 1a parte 3 febrero, 2019 – Publicado en: Europa, Italia – Etiquetas: , ,

“Para conocer Venecia y llevarse su esencia, lo mejor es perderse en sus callejuelas y sus plazas, caminar sin rumbo fijo”. Eso hicimos y nos trajimos a casa hermosos recuerdos.

Imposible no asociar Venecia a los paseos románticos en góndola, impulsada a remo por los canales de esta antigua ciudad italiana. O pensar en el carnaval de máscaras que tanto ha hecho volar la imaginación de músicos y escritores a lo largo de más de dos siglos.

Venecia también está ligada a la Plaza de San Marcos y a su Basílica, a las palomas que la sobrevuelan esperando alimentarse con las migajas que les dan los millones de turistas que la visitan cada año, así como a las bellísimas piezas de vidrio soplado que producen en la isla de Murano, a un kilómetro de ahí.

De su época de oro como Serenísima República de Venecia quedan el Palacio Ducal y muchos otros a lo largo del Gran Canal, su Arsenal, decenas de iglesias y un legado majestuoso en las artes. Ni qué decir de todas las historias de tierras exóticas que visitó uno de sus comerciantes, el famosísimo Marco Polo.

¿Sabía que la capital de la región del Véneto está formada por 118 islitas, ligadas por 354 puentes que cruzan los 177 ríos y canales que forman sus “calles líquidas”?

¿Y que a partir de 1987 el casco histórico de la ciudad y la laguna son consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO?

Antes que otra cosa, recuerde que esta es una ciudad peatonal, así que traiga el calzado más cómodo que tenga y dispóngase a recorrerla. Lo primero que hicimos fue llegar a su corazón turístico, la Plaza de San Marcos.  ¡Qué explanada tan maravillosa y amplia, flanqueada por tres edificios señoriales con sus portales y al fondo la espectacular Basílica de San Marcos y su altísimo campanario!

Sentada en la terraza del “tradicional” Caffè Quadri, en plena plaza, con una copa de Spritz – la bebida típica de la región hecha a base de Aperol con prosecco, agua mineral y una rebanada de naranja – mi imaginación volaba a la época en que Giacomo Casanova paseaba por estos mismos lares seduciendo casi a cuanta mujer le pasara enfrente, y me preguntaba si Antonio Vivaldi habría cruzado esta plaza con la mente enfrascada en la obra que estuviera componiendo en ese momento.

Pensaba también en los hombres de negocios que a la sombra de los edificios periféricos cerrarían transacciones comerciales, en los sacerdotes que atravesarían la plaza en busca de la paz que se respiraría en el interior de la Basílica, en los funcionarios públicos que ocupaban las oficinas desde las que el Dux controlaba las riendas de la República, así como en los marineros que volvían a casa después de meses en ultramar.

El Carnaval

Si quieren disfrutar de la ciudad con pocos turistas, lo mejor es ir en enero. Pero si lo que busca es ser testigo de “su fiesta”, hay que llegar a Venecia cuando celebra el Carnaval. La gente de todas las clases sociales sale a pasear disfrazada y con máscaras durante diez días, dando rienda suelta a su imaginación.  Se organizan desfiles y otros se improvisan, se premia al mejor disfraz, se celebran fiestas populares… y no se puede caminar de tanta gente que acude a divertirse, la mayoría ataviados con trajes de época del siglo XII.

Venecia es mucho más

Así que en siguientes entradas del blog les continuaré describiendo su belleza.

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